My Inmortal Cap. 10

Desde el principio, la vida de Anika siempre ha sido demasiado extraña, principalmente porque no recuerda su pasado. Por cuestiones del destino, había terminado en un orfanato, sin que nadie le diera una razón válida. Es por este motivo que siempre le ha sido difícil hablar sobre ella con extraños, por lo que en un principio siente cierta resistencia para abrirse ante Jin, pero ese encanto natural, esa vibra extraña que hay en él, la hacen sentirse lo bastante cómoda como para contar todos y cada uno de los episodios de su vida.

-¿Estás seguro de querer saber mi historia?… No soy muy buena hablando y…

-Quiero saber cada uno de los detalles que te han hecho la chica que eres ahora.

Jin la toma de la mano y la lleva hasta un pequeño lugar cerca del ventanal donde pudiesen sentarse cómodamente y la luz de la luna ilumine mejor a Anika para poder observar mejor sus facciones, sus gestos, pero sobretodo sus ojos.

-No sé por dónde empezar… Hace mucho que no… No hago una recapitulación de mi vida…

-Comienza por donde desees. Escucharé todo lo que tengas que contarme…

Sonríe un poco nerviosa a lo que Jin responde con una cálida sonrisa mientras le alborota el cabello corto.

-Es-está bien… Comenzaré por el principio…

Anika cierra por un momento los ojos, respira hondo y se zambulle en esos viejos recuerdos que tenía guardados en lo más recóndito de su mente…

El Principio…

El principio se remonta a su llegada a aquel orfanato. No recuerda muy bien cuándo y por qué motivo fue que había dado a parar ahí. Cuando tuvo la edad suficiente para preguntar y entender el lenguaje adulto, a eso de los 5 años, las encargadas del orfanato le dijeron que las personas que la habían recibido ya no se encontraban trabajando en el lugar, pero platicaban que la habían encontrado a la puerta del orfanato en una tarde con una lluvia torrencial. Curiosamente no lloraba, pero en su diminuto rostro se podía apreciar cierto temor, cierta desesperación.

Para algunas personas, el haberla encontrado ese día tan caótico, significaba un mal presagio. Y tal vez tenían razón porque sus primeros años de vida no fueron los más fáciles, como se supone que serían para un niño en su primera infancia.

No sabe con certeza el motivo, pero nunca fue una niña que se adaptara con los demás niños huérfanos, es como si no sintiera algún tipo de identificación con ellos. Muchas veces se había preguntado por qué sus padres la habían abandonado, es verdad, pero su pequeña mente había llegado a la conclusión que el motivo era simple: no la querían, que había sido algún error porque ella no era como los demás niños: alegre, llena de viva, llena de luz.

Desde pequeña ha tenido la “habilidad” o el “don” de ver cosas que, para el resto de la gente, no están. Las figuras que en un principio eran sólo sombras, con los años se volvieron más claras y comenzaron a tomar forma. Gente que había muerto desde hace muchos años, espíritus elementales del bosque que rodeaba el orfanato, hadas, todo aquello que se creía formaba parte de la imaginación de los escritores de cuentos para niños era una realidad palpable para Anika.

Mientras los otros niños jugaban entre ellos, la pequeña Anika jugaba sola con una muñeca que ella misma había construido y sus “amigos” imaginarios, según las encargadas del orfanato. Esto espantaba a sus compañeros y evitaban mantener contacto con ella, inclusive las niñeras. Más de una salió corriendo al ver que, en una ocasión donde Anika jugaba en un columpio, el otro comenzaba a moverse como si fuera impulsado por una fuerza desconocida.

Al ver que sus verdaderos “amigos” causaban tal impacto dentro del Orfanatorio, Anika había encontrado un hueco en la malla que dividía el bosque con el edificio. Todos los días se escabullía por horas, ahí se había sentido libre, sin ser juzgada.

Fue poco después de haber encontrado ese lugar secreto, que apareció en su vida ese misterioso ser.

-Anika… ¿por qué te quedas callada de repente?

Jin acaricia el dorso de la mano de la chica al ver que ésta quedó fijada en la luna reflejada en el vidrio de la ventana. A Anika le cuesta mucho seguir con esa parte tan “especial” de su vida. Está segura que, hasta ahora, Jin no le cree absolutamente nada de lo que le ha contado.

-No estoy segura de… Seguir con esto. Al ver tu expresión… sé que no me crees absolutamente nada. Por lo que dudo que vayas a creerme si te cuento el resto de mi historia…

-Anika, no importa lo que me cuentes. Sea lo que sea… voy a creerte…

Los ojos de Jin tienen una calidez extraña. La mira con tal intensidad que es imposible que no se sintiera en confianza, segura.

-¿Me creerías aún si te dijera que se trata de…?

Anika baja la mirada. No podía decir esa palabra que la mandaría directamente a un hospital psiquiátrico. Toda su vida ha tenido que guardar en secreto su encuentro con ese ser, ese chico que se encontró por vez primera en un parque a la edad de 5 años.

Cada determinado tiempo, el orfanato organizaba una excursión a lugares que los propios niños proponían y ese año los niños habían elegido un modesto parque de diversiones. Como era su costumbre, Anika no corría por todo el parque como los demás niños, de hecho caminaba alejada del grupo observando cada uno de los puestos, juegos y jardines como asegurándose de que no hubiera ningún ser extraño que le alterara. Pero algo había en ese parque que la tenía en un estado de alerta constante, sentía una mirada pesada sobre ella. Definitivamente no se trataba de esos fantasmas que solía ver, al contrario, sentía cierta vibra humana mezclada con maldad pura.

Cuando había caído la tarde y había llegado el momento de reunir a todos los niños, Anika decidió esperar a sus alegres compañeros en una pequeña zona con columpios y subibajas al lado de la entrada del parque, escondida entre arbustos y un par de árboles. Las encargadas no se preocupaban por Anika ya que sabían perfectamente que no se movería de ese lugar y nadie que pasara enfrente vería a la pequeña niña, por lo que fueron a reunir a los demás niños.

La tarde ya estaba llegando a su fin, por lo que el cielo mostraba sus hermosos colores ocres y violetas. Anika se columpiaba plácidamente, sintiendo el viento fresco en su rostro cuando, de la nada, vuelve a sentir esa presencia, vuelve a sentir esos ojos, como si estuviera justo detrás de ella.

Un ruido que se produce al quebrarse las ramas secas, la hace bajar sus pequeños pies para disminuir la velocidad del columpio y poder voltear a su izquierda, donde había provenido el ruido. Nada.

Al regresar su mirada al frente, un joven no más de 27 años, estaba frente a ella mirándola fijamente. La impresión de ver a alguien justo en un lugar donde segundos antes no había nadie, hizo que Anika tratara de huir pero, al levantarse, un pequeño fierro en el asiento del columpio le hace una pequeña herida en el muslo.

El chico se iba acercando y con cada paso, su terrible aspecto se iba revelando: ataviado completamente de negro, sus ropas estaban rotas, dejando ver partes de su cuerpo cubiertas de heridas que sobresaltaban en una piel tan pálida como la luna que comenzaba a asomarse. Su cabello estaba despeinado y su rostro estaba cubierto de sangre y tierra. Pero todo eso no fue lo que paralizó a Anika. Fueron sus ojos desorbitantes y rojos como la misma sangre que se clavaron en ella.

Anika había tratado de correr pero el mismo columpio la hizo tropezar y sus rodillas y palmas de las manos estaban totalmente raspadas. Al voltear para ver si el chico seguía ahí, este ya estaba a su lado mirando fijamente las heridas. La pequeña había dejado escapar un pequeño grito de sorpresa cuando, de la boca del chico, habían emergido lo que parecían dos colmillos.

-¿No tienes miedo, pequeña?

Le había preguntado. Anika no temblaba, no lloraba, no pedía ayuda lo cual había intrigado al chico. De hecho, había algo en la mirada de Anika que lo perturbaba más que su postura. Es como si no fuera la primera vez que se enfrentara ante un ser de su naturaleza. ¿Era eso o sus pequeños ojos claros le recordaban a alguien más?

-No… No tengo miedo…

Y así era. Anika no desviaba la mirada de los ojos del chico. La intriga de este crecía cada vez más.

-Eres una niña valiente, pequeña. Así que te prometo que esto será rápido.

El joven había tomado una de las manos de Anika y se la acercó a la boca. Pero al momento en que su lengua había terminado de lamer la sangre en la palma de la mano. Algo dentro de él comienza a arder, como si todo su cuerpo tuviera una reacción extraña a la sangre de Anika.

Bien era cierto que estaba mal herido por lo que la sorpresa había sido mayor cuando todas sus heridas comenzaron a sanar casi de inmediato. De hecho, había sentido una sobrecarga eléctrica por todo su cuerpo y esta le hubiera proporcionado mucha más fuerza.

Anika lo miraba inmóvil, en silencio. Sabía que debía salir corriendo aprovechando que el chico estaba como en trance, pero decidió quedarse. Su extraña curiosidad había hecho que se acercara al chico y acariciara el rostro de éste. ¿Cómo era posible que, dónde antes había heridas, ahora la piel no mostrara marcas de estas?

El chico se había alejado un poco al sentir la calidez de las manos de Anika sobre su piel y decidió volver a probar su extraña sangre. Rápidamente tomó una de las muñecas y encajó sus colmillos en ellos. Cuando su boca comenzó a llenarse con aquel cálido líquido, una corriente de imágenes confusas inundaron al ser. Anika lo sabía porque también ella las veía: una joven de cabello negro ondulado corría llena de sangre y suciedad, otras mujeres la perseguía, estaban ataviadas con vestidos de diferentes épocas, aunque todas eran diferentes, había algo en el que se parecían: los ojos color claro, casi miel.

Anika retiró de inmediato la muñeca. El chico no dejaba de mirarla con bastante atención e intriga. No había esperado encontrarse con tal revelación. Las palabras que le había dicho a continuación, nunca se borrarían de la mente de Anika.

-Así que eras tú… Nunca creí que llegaría a encontrarte en un lugar como este. No puedo esperar para ver en lo que te convertirás, pequeña.

Cuando estaba a punto de abrazarla, las risas de los niños y las voces de las encargadas, hacen que el chico se aleje rápidamente, escondiéndose entre la obscuridad del crepúsculo, no sin antes dedicar una última mirada

-Pronto volveremos a vernos y cuando eso suceda, te mostraré todo lo que serás capaz de hacer.

Justo cuando las maestras y los niños llegaban para llevarse a Anika, ese chico desapareció. Cuando una de las encargadas la llamaba, volteo y se podía ver la herida que tenía en la muñeca. Una maestra corrió para auxiliarla y la llevaron rápidamente a la enfermería. Cuando le preguntaron sobre lo sucedido, Anika había respondido que simplemente había caído del columpio.

-Anika…

-No trates de forzarte, se perfectamente que no me crees.

-No es eso.

-No serías el primero. Años más adelante, cuando le platiqué a Toma lo sucedido, simplemente sonrió y me dijo “Tu imaginación es un arma de dos filos”.

Una sonrisa amarga se asoma en los labios de Anika. Muchas veces dudaba respecto a si todo lo acontecido en su vida era verdad o simplemente se trataba de un trastorno psicológico parecido a la esquizofrenia por lo que veía y escuchaba cosas que no deberían estar ahí.

-Anika… Quiero que sepas que te creo… Lo hago porque… Yo mismo tengo experiencia con respecto a los… vampiros…

-Jin…

Cuando Jin pronuncia la palabra “vampiros”, Anika siente un hueco en el estómago. ¿Vampiros? ¿no es demasiado descabellado? … Claro, lo piensa la chica que ve fantasmas, hadas, duendes y demonios… pero ¿Vampiros?… O tal vez ese hueco se deba a que, finalmente, Anika encuentra a alguien que en verdad sabe de lo que habla, ha pasado por lo mismo que ella y la entiende. La forma en que Akanishi la mira directamente a los ojos mientras le dice que tiene experiencia con esos seres, cómo brillan sus ojos, hacen que le crean. Es como si se formara un vínculo invisible entre ellos.

-Lamento haberte incomodado Anika. Comprendo que sea algo difícil y duro de confesar, más si se trata de algo tan… Increíble.

Jin entrelaza su mano con una de las de Anika. Su piel se siente extremadamente fresca, por no decir que fría, eso le gusta a Anika.

-Creo que lo que necesitas es un buen trago. Ven, acompáñame. Así puedes seguir contándome tu historia.

Jin ayuda a Anika a levantarse y juntos bajan a la barra del lugar. Prende sólo las luces necesarias y al encender un pequeño estéreo debajo de la barra, comienza a sonar “Enjoy the silence” de Depeche Mode.

-Aquí tienes, no hay nada como un buen vino alemán para relajarte… Y dime ¿Desde cuándo conoces a Ikuta? Se ve que no es alguien que hayas conocido recientemente.

Pregunta Jin mientras le acerca una copa de vino blanco que, bajo la tenue luz de la barra, adopta un color dorado pálido, parecido al color de los propios ojos de Anika quien toma lentamente la copa

-Gracias… ¿Toma? Es una historia bastante larga la que tenemos él y yo. Los dos nos conocimos en el mismo orfanatorio.

Recuerda perfectamente ese día. Los ojos tristes de Toma al llegar al edificio, la mirada desconsolada que tenía cuando lo observaba desde el ático del orfanato. Lo que más recuerda fue que no había llegado solo, a su lado había una pareja que, después de un par de días, supo que eran sus padres muertos.

Al principio dudaba si debía acercarse a él ya que parecía querer alejarse de todos, pero había una luz alrededor de Ikuta que atraía a todos los niños como si se tratase de un imán. El día en que por fin pudo dirigirse a él fue cuando tuvo la oportunidad de transmitirle el mensaje de su madre una lluviosa tarde. Recuerda la expresión de incredulidad cuando repetía las mismas palabras que el espíritu de su madre expresaba. Nunca olvidaría el abrazo al final de aquel conmovedor evento, el abrazo que sellaría una amistad que resistiría el paso del tiempo y la lejanía.

Toma Ikuta se había convertido en alguien sumamente valioso para ella. Fue el primero y único en convivir con Anika en el orfanato, aún sabiendo las extrañas cualidades que poseía. No le importaba, de hecho, parecía divertirle. Como le encantaba la sonrisa de Toma, no había nadie a quien no le dedicara una. De hecho, por muy extraño que pareciera, hasta los espíritus y demás seres que rondaban el orfanato, se sentían atraídos por la vibra tan relajante que emitía Toma.

-No me sorprende. Ikuta parece un chico con cualidades especiales. Su porte, su presencia… Te rodeas de personajes bastante peculiares Anika.

Jin bebe de un solo trago lo que le quedaba de whiskey en su vaso. Del bolsillo interno de su chamarra de piel negra, saca su cigarrera y le ofrece uno a Anika, quien acepta inmediatamente.

-¿Puedo preguntarte algo? Tal vez esté fuera de lugar mi duda así que, si te sientes incómoda, no me respondas.

-Adelante, pregunta lo que quieras

Jin saca su zippo y enciende el cigarro de Anika

-¿Alguno de esos seres, de aquellas criaturas llegó a atacar a Ikuta?

Ante la pregunta, Anika baja inmediatamente la copa y mira con cierta tristeza a Jin. Ciertamente algo o alguien habían atacado a Toma, curiosamente como el incidente de la noche anterior.

-Si, y créeme, es algo de lo que siempre me he arrepentido…

Anika cierra los ojos y, como si se tratase de una película, ese incidente comienza a proyectarse en su mente.

En una de las tantas ocasiones en las que ella y Toma dormían juntos en el orfanatorio, éste despertó gritando, sudando frío y abrazado fuertemente al pequeño cuerpo de Anika. Cuando ella se había incorporado para tratar de tranquilizar a su amigo, la camiseta del pijama de Ikuta estaba rota y manchada de sangre en el área del abdomen, una herida justo al lado del ombligo se asomaba a través de la camiseta desgarrada.

-Toma-chan…. Estás sangrando….

Anika bajó de la cama para pedir ayuda, Ikuta estaba totalmente pálido y la sangre que salía de la herida era considerable. Pero ¿Qué les diría a las encargadas? Tal como si Toma le leyera la mente, se había acercado con un poco de dificultad, a una zona de remodelación cerca del baño, el lugar perfecto para cubrir un accidente sin razón aparente. Se habían llevado a Toma al hospital. Afortunadamente no había sido una herida de gravedad, pero dejaría una cicatriz.

Las siguientes semanas, Toma no podía dormir en lo absoluto y sí lograba hacerlo, tenía horribles pesadillas en las que un hombre vestido de color obscuro y cabello castaño, le decía que quería deshacerse de él a como diera lugar y que un día lo haría.

Fue terrible ver el estado de continuo temor en el que se había sumergido Toma. Nunca lo había visto así, tan apagado, tan falto de vida. Pero era comprensible ¿No es así? Que algo inexplicable te haya atacado a la mitad de la noche y a raíz de eso terribles pesadillas te impidieran conciliar el sueño. Anika había tratado por todos los medios de descubrir a ese ser, pero su limitado poder nunca pudo encontrar una pista.

Una noche en la que Anika fue a visitar a Toma, se había acercado con cautela a su cama para vigilar esa noche el sueño de su amigo, sueño que había logrado debido a las pastillas que le había recetado el médico, se sentó con cuidado sobre la cama y comenzó a acariciar el cabello del pequeño Ikuta. Pero, casi inmediatamente, este se había levantado bastante alterado y, como un mecanismo de defensa, con ambas manos aventó a Anika lo más lejos que pudo.

Esos ojos, esa expresión en el rostro de Toma, se quedarían plasmadas para siempre en la mente y el alma de Anika. Si, definitivamente tenía miedo y ella era la culpable.

-Toma-chan…

-Vete Anika… quiero dormir solo esta noche…

Un par de pequeñas lágrimas recorren las mejillas de Anika al recordar cómo fue que salió corriendo de la habitación y había decidido alejarse de Toma para siempre. Era lo mejor, él no se merecía una vida de sufrimiento a su lado, no después del dolor tan fresco que tenía por la muerte de sus padres.

-No fue tu culpa, Anika. Seres como esos son demasiado engañosos.

-Pero… Toma nunca había tenido esos sueños… esos incidentes, antes de conocerme. Fue demasiada coincidencia ¿no lo crees?

Anika comienza a recordar que, después de ese acontecimiento, ella y Toma se alejaron bastante. Conforme pasaron los días, Ikuta iba recuperando su ánimo característico, convivía más con todos en el orfanato y se le veía más descansado, claro, puesto que Anika ya no dormía con él. Fue una decisión tomada muy a tiempo, debido a que se acercaba la temporada de visitas de posibles padres adoptivos. Anika nunca se hubiera perdonado el que, por su culpa, a Toma no lo adoptara una buena familia.

La “Temporada” de visitas era todo un evento en el orfanato. Después de una selección muy meticulosa de las parejas que posiblemente adoptaran a uno de los niños, se organizaban visitas “guiadas” en las cuales, bajo la supervisión de las encargadas del lugar, los adultos convivían y tenían la oportunidad de conocer a los niños y, de ser posible, aportar con algo para el mejor funcionamiento del pequeño orfanato: paquetes de comida, medicamentos básicos, cobija, ropa, juguetes, lo que fuera para que los niños se sintieran un poco más cómodos.

Cuando un niño y la pareja congeniaban mutuamente, se organizaban citas independientes para días distintos a los de las visitas con todos los niños, esto con la finalidad de que los pequeños no se sintieran rechazados ahora que los adultos habían elegido a uno de ellos. Esa era la única condición; seguir visitando el orfanato hasta la fecha en que la adopción se completara oficialmente.

Como era su costumbre, Anika se escondía durante estas visitas. Las encargadas del lugar estaban preocupadas por ella, de que no conviviera con nadie, prácticamente actuaba como si tuviera miedo de los adultos. Tal vez, por azar del destino, su vida se volvería el orfanato. No era raro, de hecho, un par de las encargadas de los niños habían estado por muchos años en ese lugar y, al crecer, decidieron retribuir esos cuidados trabajando para futuras generaciones.

Desde la ventana del ático, Anika observaba detenidamente las dinámicas de las visitas que recibía Toma, quien al parecer se sentía un poco más dispuesto a participar debido a una pareja que no había desistido de conocerlo cuando recién había llegado él al orfanato, hace un par de años. Era una pareja que desgraciadamente no tenía la oportunidad de tener un hijo y ese anhelo los había hecho ser visitantes asiduos del orfanato por muchos años. Comenzaron con la única intensión de aportar un granito de arena ayudando económica y personalmente a las encargadas, ya que eran una pareja bastante adinerada.

Los padres adoptivos de Toma eran dueños de una cadena de hoteles de 5 estrellas que, gracias a su concepto que incluía spas con una temática enfocada totalmente a las necesidades de sus huéspedes, se habían convertido en uno de los más cotizados en la ciudad debido a que sus dueños no sólo se sentaban en una oficina de un alto edificio en la zona financiera, no, al contrario, ellos visitaban cada uno de los hoteles y atendían personalmente a sus clientes, haciéndolos sentir como si el lugar se tratara de una extensión de propia casa. Tal vez esta humildad de espíritu ayudó para que Toma no se sintiera intimidado por la promesa de una vida llena de lujos.

Anika veía con agrado que esa pareja iba sanando poco a poco las heridas emocionales en el alma de Toma. Pero más le alegraba el hecho de que su entrañable amigo sonreía y se le veía ilusionado por formar parte de una familia nuevamente.

Los meses pasaron y la adopción de Toma era oficial. Lamentablemente, en todo ese tiempo no habían vuelto a pasar tiempo juntos. Muchos habrían pensado que ese debía ser el día en que debían limar asperezas, pero para Anika era demasiado doloroso el verlo partir. Por sus extrañezas había perdido a su único amigo y ella no era nadie como para echarle a perder un día tan importante a Toma con una escena llena de lágrimas, por lo que fue a esconderse al ático y desde ahí observaba atentamente cómo los papás adoptivos de Ikuta lo ayudaban a cargar su pequeño equipaje. Un detalle que le pareció de lo más significativo, fue que habían decidido que, a pesar de la adopción, Toma conservaría el apellido Ikuta como muestra de respeto a sus difuntos padres. Si, definitivamente había corrido con suerte con esos padres tan comprensivos.

Después de que, tanto Toma como sus padres se despidieran de sus compañeros y de las encargadas, se dirigieron hacía el estacionamiento en donde se encontraba una camioneta estacionada. Desde ese punto era visible el ventanal del ático y fue entonces cuando se encontraron las miradas de Anika y Toma, quien había tratado de encontrarla pero el ajetreo de ese día tan importante se lo había impedido.

Al levantar la mirada, Toma se encontró con una Anika tal y como la había visto cuando pisó por primera vez el orfanato: parada en el ventanal y sosteniendo esa extraña muñeca, con un sencillo vestido color violeta obscuro, su cabello negro enmarcando ese pequeño rostro que mostraba tantas emociones a la vez.

El cielo estaba cubierto de obscuras nubes que comenzaron a descargar una tenue llovizna. Los padres de Toma lo llamaron para que se apresurara y entrara al auto, pero este se quedó parado mirando fijamente al ventanal.

Anika sentía como si su vida se estuviera yendo con Toma. Quería bajar corriendo para poder abrazarlo, desearle la mejor de las suertes, pero su mera presencia parecía un veneno que mataba el aura tan limpia y pura que emanaba toma. Las lágrimas estaban a punto de brotar, pero reunió todas sus fuerzas para no hacerlo, así que, sin dejar de ver fijamente a su amigo, movió una de las manos de su muñeca a manera de despedida.

Toma estaba atento a cada uno de los movimientos que hacía Anika, claramente pudo percibir, sin necesidad de escuchar, lo que su amiga decía a través del ventanal

-Adiós… Toma-chan…

Y sin más, Anika desapareció de aquel gran ventanal. La lluvia se había intensificado un poco más, lo cual ayudó a ocultar las lágrimas que corrían por el rostro de Toma.

Sus padres llegaron a su lado para cubrirlo con un paraguas. Su madre se arrodilló para abrazar a Toma, quien al cálido contacto de la mujer, no pudo contenerse más y lloró como nunca lo había hecho. Su padre le entregó el paraguas a su mujer y tomó en brazos a Ikuta para llevarlo a la camioneta.

-Debió de haber sido una experiencia demasiado dolorosa para una niña de 8 años.

-No te equivocas, Jin… esa fue la primera ocasión en la que me di cuenta de que estaba completamente sola. Antes de conocer a Toma, la sensación de soledad era algo completamente natural para mí, pero… el que él llegara a mi vida y me mostrara que podía confiar en alguien, que me mostrara que la compañía de una sola persona bastaba para llenar ese vacío… intensificó el sentimiento al momento de perderlo.

Anika se levanta de su asiento y se dirige al otro lado de la barra para servirse ella misma otra copa de vino blanco. Cuando le da la espalda a Jin para tomar la botella, este se acerca lentamente por detrás y le sujeta ambas manos para después susurrarle al oído

-Perdona si me extralimito al decirte esto, pero… qué hubiera dado yo por haberte conocido entonces y hacer que nunca te sintieras sola de nuevo…. Pequeña….

Anika cierra los ojos al sentir la voz vibrante de Jin tan cerca pero, eso pasa a un segundo plano, ya que al escuchar cómo la llama “pequeña”, algo dentro de su subconsciente vuelve a despertar. Un flashazo involuntario aparece en la mente de Anika, Esa voz, esa manera de decirle “pequeña” que tenía ese ser, es tan idéntico a cómo lo hace Jin. Pero, siendo realistas, es casi imposible ¿No es así?

-Gra-gracias Jin… es muy…. Amable de tu parte…

Anika se mueve un poco para zafarse de ese abrazo. Al voltear, tiene las mejillas un poco sonrojadas, lo que hace que Jin sonría

-¿Hice algo para hacerte sonrojar?

-No… No para nada…

-¿Por qué no sigues con tu relato? Apuesto a que todavía tienes más que contar, algún encuentro más interesante…

Jin toma de nueva cuenta la botella de vino blanco y le sirve un nuevo trago a Anika. Akanishi tiene una intensión oculta en su voz, disfrazada por interés y persuasión.

-Bien… claro que tengo mucho que contar pero… ya es demasiado tarde y…

-Vuelvo a recordártelo, Anika… La noche es nuestra y… el tiempo no es un problema para mí.

Anika toma de un solo trago el vino blanco en la copa, para tomar un poco de “valor”. Demasiado interés por parte de Jin le confunde pero a la vez la hace sentir una enorme necesidad por desahogar todo lo que lleva dentro. Aprovechando el momento, Jin toma de la mano a Anika y se dirigen a uno de los lugares privados del bar, en la otra mano sostiene un par de botellas.

-¿Qué sucedió después de que Ikuta se fuera del orfanato?

Los dos se sientan en ese lugar íntimo. Jin prende otro cigarro mientras Anika se recarga en la pared acolchada, con la mirada clavada en el techo.

-Lo que sucedió es otro de mis episodios extraños y difíciles de creer… tiene que ver con…

-Vampiros…

Al parecer a Anika ya no le causa tanta tensión el escuchar aquella palabra. No ahora que ha encontrado a alguien que no la considera una loca y que parece tener las mismas experiencias sobrenaturales que ella.

-Si, aunque no estoy segura de que se trate del mismo que conocí aquel día en el parque de diversiones o era otro nuevo, pero te aseguro que… los recuerdos que tengo de él son mucho más claros, mucho más significativos para mi…

El día en que Toma dejó el orfanato, fue cuando apareció por primera (o segunda vez) ese chico atractivo y misterioso.

Justo después de ver partir a su amigo, Anika había bajado corriendo las escaleras y siguió con la misma velocidad rumbo al bosque. Pasó por el orificio en el alambrado que delimitaba el orfanato y se adentró mucho más de lo que ella había explorado anteriormente.

Mientras más lloraba más fuerte corría, no le importaba si ramas o plantas con espinas le arañaban la piel. Por primera vez en su vida experimentó que el dolor físico le hacía olvidar el dolor del alma, así que aguantaba cuando tropezaba y se lastimaba. Corrió como nunca había corrido hasta que su diminuto cuerpo no pudo más y se desplomó sobre una cama de hojas en un pequeño claro dentro del bosque.

Acostada en el piso, lloró desesperadamente. Había gritado el nombre de Toma a toda la capacidad que sus pequeños pulmones cansados le habían permitido. ¿Así que esto era en realidad la soledad? Una sensación que le oprimía el pecho y le carcomía el alma.

Mientras Anika se encontraba en ese estado anestésico que aparece después de llorar con tal intensidad, observaba el cielo cubierto por enormes ramas con follaje en distintas tonalidades. Los árboles se movían bruscamente, eso era señal de que una presencia ajena a los espíritus y creaturas originarias del bosque, deambulaba por ese lugar. Anika pudo escuchar en la lejanía una respiración parecida a la de una fiera a la caza de su presa, lo que hizo que regresara a un estado de alerta y, de manera instintiva, observaba con más detenimiento cada uno de los movimientos de las ramas y arbustos. Si, definitivamente no era humano.

Anika experimentaba la misma sensación de opresión que causa el sentirse observada, la misma que había experimentado años atrás en aquel parque de diversiones. Observaba con cautela a su alrededor, pero no alcanzaba a visualizar nada en concreto. Hasta que un olor a cítricos y madera la hizo voltear a su espalda.

Claramente pudo observar como un chico alto se dejaba caer de rodillas sobre la cama de horas en la que Anika reposaba su dolor. Su perfume era embriagante al igual que sus ojos castaños, uno, su ojo derecho, enmarcado por un lunar. Por alguna extraña razón, la chica se había quedado hipnotizada por aquellos enigmáticos ojos ya que no se parecían en lo absoluto a los ojos del primer vampiro que había conocido hace años atrás, aunque el parecido era bastante.

Lentamente había tomado entre sus manos el largo cabello de Anika y comenzó a olfatearlo con detenimiento, después siguió con su cuello, sus brazos y se detuvo en una de las muñecas. Finalmente tomó el rostro de la niña entre sus manos y sonrió mostrando una dentadura perfecta sin indicios de colmillos. Anika se concentró en una cicatriz en la muñeca izquierda del chico.

-Pequeña… Al fin te encontré…

Anika no respondió, no se movió, simplemente miraba fascinada al chico delante de ella

-Y ahora… Prometo no dejarte. Eres tan valiosa… no te imaginas cuanto, Pequeña.

Y sin más, el chico se acercó y besó a Anika en la comisura de los labios. Y desapareció tal y como había llegado.

-¿No tenías miedo de que te atacara?

-No. Algo en él me atraía demasiado… especialmente sus ojos y su voz. De hecho… el lunar que él tenía se parece mucho al que tienes en tu ojo derecho y también tu cicatriz…

Anika se peina con ambas manos su pequeño cabello negro para después tomar otro trago. Jin sonríe ante el señalamiento de su compañera.

-¿si? ¿No será que….?

-O tal vez esté equivocada… tenía 7 años, Jin. No recuerdo muchas cosas con claridad.

-Pero si recuerdas a la perfección todo lo relacionad con ese… chico especial.

Los ojos de Jin vuelven a iluminarse, como si disfrutara de una manera muy personal el escuchar a Anika hablar maravillas de ese misterioso vampiro.

-No puedo mentirte ¿Cierto?… Así es… lo que pasé con él está tan grabado en mi mente que puedo describir con exactitud cada uno de los días que pasamos juntos.

Pasaron varios días desde aquel encuentro aquel chico sin nombre. Anika seguía llorando secretamente la ausencia de Toma y cada vez se refugió más en el bosque. No había día en que no se escabullera y pasara horas en aquel claro, esperando a que el chico misterioso regresara

Pasaron 3 meses para que se diera ese segundo encuentro. Era un día lluvioso y todos los niños se encontraban dentro viendo una de las tantas películas tontas de Disney en la sala comunal y Anika se entretenía mirando las distintas figuras que formaban las gotas sobre la ventana. Fue entonces cuando vio al chico parado justo frente al boquete del alambrado donde ella solía escabullirse. Había algo distinto en él, a pesar de la considerable distancia que les separaba, Anika pudo darse cuenta de que estaba más pálido de lo normal, delgado y con ojeras bastante pronunciadas.

Sin más salió corriendo del orfanato pero cuando llegó al alambrado, el chico ya no estaba por lo que decidió meterse al bosque. No tardó mucho en encontrarlo porque ahí estaba él, sentado sobre el tronco de un árbol caído. Cuando se acercó a él este la abrazó y Anika no opuso resistencia. No sabía si se debía al la lluvia helada del otoño, pero la piel del chico estaba congelada. Trató de separarse un poco para preguntarle qué le había pasado, pero el cálido aliento sobre su cuello la hizo estremecerse y temblar un poco.

-No debiste seguirme… Corres peligro conmigo en estos momentos…

Su voz rasposa reflejaba claramente cierto dolor, cierta debilidad. Sus ojos castaños la miraban como si se tratara de algo que al más mínimo movimiento fuera a quebrarse.

-Creo saber lo que… necesitas…

El chico se sobresaltó un poco al escuchar a Anika pronunciar esas palabras. ¿Cómo era posible que supiera…?

-Parece que estás herido… Hace mucho me encontré con alguien como tú y al momento de probar mi sangre se recuperó en instantes…

-Pequeña… ¿quién era?

-Eso no importa… hazlo….

Anika había acercado su muñeca cerca de la boca del chico, quien dudó unos instantes ante la osada acción de la niña, pero en un segundo acercó sus labios y sus colmillos se clavaron en la delicada piel. Un pequeño hilo se sangre apareció y recorrió el brazo de Anika, pero algo fuera del dolor de la herida en su muñeca, la hizo sobresaltarse, no solo a ella sino también a chico…

Una visión… La primera de tantas…

Muchas mujeres, de varias edades la miran con preocupación, otras con orgullo. Poco a poco la rodean. Sus labios no se mueven pero puede escuchar un coro de voces espectrales que le dicen que debe huir, que debe alejarse y que todavía no está lista… ¿Lista para qué?

Cuando Anika había abierto los ojos, el chico la miraba con preocupación. Al parecer se había desmayado.

-¿Qué fue eso?…

-¿No las reconoces pequeña?

-No… ¿Quiénes son?…

Anika comenzaba a sentir una opresión en el pecho, los inicios de sus futuros problemas de ansiedad. Al ver esto, el chico decidió no ahondar más en el tema y la ayudó a levantarse. Tal como le había dicho Anika, el chico estaba como nuevo; había recuperado su fuerza, un poco de color, pero, lo más importante, el haber bebido su sangre fue el equivalente a una inyección de la droga más adictiva.

Tomó a Anika en brazos y en un abrir y cerrar de ojos, estaban dentro del orfanato, justamente en el ático.

-Gracias por el regalo que me has dado el día de hoy, pequeña. De ahora en adelante, jamás te dejaré sola. Ahora nos une algo que es más fuerte que cualquier lazo… Nos une la sangre.

El chico se había hincado para quedar a la altura de Anika y se despidió de ella con beso en la frente. Cuando la niña volvió a abrir los ojos, el joven ya no se encontraba en el lugar, había desaparecido tal como habían llegado, sólo quedaba la débil calidez de sus labios sobre la piel de Anika.

-Cada vez me sorprendes más, Anika…

-Para mal… me imagino

Anika ya se había terminado una de las botellas y estaba cómodamente sentada mientras fumaba sin parar.

-No, al contrario. Encuentro fascinante cada uno de los episodios de tu vida, sobretodo el que hayas podido sobrevivir al tener como “amigo” a un vampiro.

Jin se acerca un poco más a Anika para poder apreciar mejor sus facciones, sus ojos. Anika no parece molestarse ante tal acercamiento.

-Amigo… No puedo describir tan fácilmente lo que tuve con ese ser. Era algo más que amistad. Fue mi salvación en momentos en los que sentía que ya nada tenía motivo.

Anika fija su mirada en las manos de Jin y sus largos dedos, los cuales mueve rítmicamente sobre su copa.

-¿Recuerdas el violín que tienes en tu sala y que te comenté que yo tenía uno igual, que me lo había regalado alguien muy especial?

-Así es… No me digas que…

-Si, fue él quien me lo regaló para mi octavo cumpleaños…

Las visitas entre el chico y Anika se dieron con bastante frecuencia. Platicaban de todo un poco y fue gracias a él que Anika descubrió que tenía dotes de artista. Fue él quien le dijo que debería desarrollar dichas habilidades, aunque Anika no estaba muy segura de que en realidad destacara en nada.

Si cantaba lo hacía porque le nacía y sólo cuando estaba sola. Si pintaba o dibujaba, lo hacía cuando nadie la miraba. Y si llegaba a tocar algún instrumento, se aseguraba de que nadie estuviera a su alrededor. Hubo un par de ocasiones en las que alguna encargada del orfanato la escuchaba tocando el piano durante las noches en un rincón de la sala, lo que sorprendía era que nunca había tocado clase alguna y era capaz de tocar como si llevara años de práctica.

Pasaron los meses y el cumpleaños de Anika había llegado. 31 de octubre. El otoño en todo su esplendor.

Como era costumbre en el orfanato, las encargadas organizaban una pequeña reunión con todos los niños y preparaban la comida favorita del festejado en cuestión junto con un gran pastel. Por supuesto, Anika no era de las que gustaban de este tipo de festejos, de hecho, en sus cumpleaños decidía pasar todo el día recluida en el ático. Por lo que la directora de la del orfanato había decidido que, como regalo, Anika tendría su propia habitación y esa sería el ático. La mayoría de los niños de la “generación” de Anika ya habían sido adoptados y sólo quedaban los pequeños en las habitaciones. Por no decir que Anika tenía tendencia a asustar a los pequeños con su muñeca vudú y les impedía dormir con sus historias de fantasmas que rondaban en el orfanato.

-TwT ani-nechan!

-u_ú…. si no me crees, pregúntale a mi muñeca…. Ella te dirá la verdad

Los ojos de Anika se iluminaron cuando ese día le dieron la noticia. Las encargadas le dijeron que ayudarían a limpiar el ático pero Anika subió corriendo las escaleras gritando que no se preocuparan, que ella limpiaría todo.

El día de su cumpleaños se lo pasó limpiando, quitando telarañas, matando insectos, y cuando menos se había dado cuenta, la noche había caído. Abajo ya no se escuchaba ningún ruido y las luces estaban apagadas, por lo que decidió hacer una cama provisional hasta que arreglar algunos viejos muebles que había en el ático.

A eso de las 3 de la mañana, Anika se movía inquieta en su cama provisional hecha por una gran cantidad de plástico con burbujas para envolver, sábanas, cobijas y sus almohadas entre unas cajas. Algo la despertó de repente, una voz, una voz que la llamaba, una voz que le pedía que se asomara a la ventana que da a la parte trasera del orfanato.

Todavía algo adormilada, camina hasta dicha ventana y se asoma sólo por curiosidad pero, de la nada, aparece el chico misterioso en el patio del orfanato, mirándola con una gran sonrisa. Anika abrió la ventana. Así que, la voz que escuchaba en sueños era de él. Esa fue la primera vez que descubrió que podían comunicarse a distancia.

-¿Qué haces ahí parado?

-No podía dejar pasar desapercibido tu cumpleaños, pequeña. Te traje un regalo

-¿Eh? ¿Cómo supiste que…? ¿Por qué no entras? ¡Te van a ver! Te abriré la puerta

Anika le hace un ademán con su pequeña mano para que entre, pero el chico no se movía.

-No puedo pasar sin una invitación, pequeña… Sería demasiado descortés de mi parte…

Una sonrisa se dibujó en los labios del Chico, mientras daba unos cuantos pasos hacia adelante.

-Ah… No te preocupes por eso, puedes entrar cuando quieras. No te quedes ahí parado, pasa n_n

Anika da unos pasos para salir del ático y abrirle la puerta, pero al regresar para cerrar la ventana, se sorprende al ver que es el propio chico quien está cerrándola.

-Pe-pero O__O

Al voltear, el chico se arreglaba un poco el saco. Anika lo miró un poco extrañada ya que va vestido con un perfecto traje negro, zapatos de piel, camisa blanca y corbata roja. Su cabello suelto iba sin peinar pero parecía que se debía al mismo corte en sí. El chico, al ver la expresión de Anika, se acerca a ella y la mira directamente a los ojos.

-¿Qué? ¿por qué me miras así?… ¿Tengo el rostro sucio?…. ah… lo siento es que no me bañé esta noche y he estado limpiando y….

Anika comenzó a limpiarse el rostro con ambas manos como si fuera una ardilla, al ver esto el chico tuvo un ataque de risa. Se acercó y le alborotó el cabello.

-No, no tienes nada en el rostro. Simplemente te ves demasiado linda haciendo eso

-¡No te burles de mi!

Inmediatamente después, Anika lo había pateado en la entrepierna lo cual provocó otro estallido más de risas en el chico. Anika hizo un puchero de enfado y se fue a su cama. El chico la siguió un poco más serio.

-Lo siento pequeña. No volverá a pasar…

-Baka =w=

-Te dije que traía un regalo para ti ¿verdad? Cierra los ojos…

El chico tomó ambas manos de Anika y las puso boca arriba. Con delicadeza, colocó un estuche para instrumentos musicales. Cuando le dijo que podía abrir los ojos, Anika no creía lo que tenía en las manos.

-¿Qué es esto?

El chico sonrió de una manera amable, tierna pero a la vez seductora

-…Otanjoubi Omedeto

Anika poco a poco abrió el regalo y lo que vio dentro la sorprendió sobremanera. Era un violín, uno bastante extraño. Madera negra con un barniz rojo que le daba un toque como si hubiera sido pintado con sangre. Anika lo sostuvo entre sus manos, lo admiraba, era hermoso. Sin más, dejó con cuidado el violín y abrazó fuertemente al chico. Sólo a una persona había abrazado de esa manera y ese era Toma.

-Muchas gracias… es hermoso…

-Sólo existen dos en el mundo, pequeña. Y yo tengo el segundo. Así que tienes razón, son hermosos y son especiales, tal como tú…

El chico había tomado el rostro de Anika entre sus manos y la besó en la frente.

-Excelente regalo de cumpleaños, debo admitir

Jin termina su bebida mientras mira con atención a Anika. Esta sonríe al recordar ese día, después de la partida de Toma, era la primera vez que sentía que alguien se preocupaba por ella. Un par de pequeñas lágrimas se asoman, al ver esto, Jin la abraza y la besa delicadamente en la mejilla, con el simple afán de hacerla sentir un poco mejor.

-Jin… creo que… necesito salir y tomar un poco de aire fresco

-Te acompaño. Conozco un lugar en donde podrás sentirte mejor

Akanishi le ofrece la mano y Anika la toma ya con mucha más confianza. Se acercan a la salida no sin antes apagar las luces de todo el bar.

-Muchísimas gracias Jin… en verdad, te lo agradezco. Hace mucho tiempo que nadie me prestaba tanta atención, que me escuchaba tal como lo haces tú.

-No tienes por qué agradecerme, Anika. Como te dije, tu historia es la define como eres: enigmática, fuerte, pero sobretodo fascinante.

-No tienes por qué decir esas cosas, Akanishi. No creo que en mi vida existan más eventos “fascinantes”

Los dos salen del bar y Anika cierra la puerta con doble candado. Se queda parada frente a la puerta. No mentía, en su vida no había cosas fascinantes dignas de ser plasmadas en un libro, o para proyectarse en alguna película. Es cierto que había cosas muy buenas y recuerdos gratos, pero, lo que la había definido como persona, habían sido todos aquellos sucesos dolorosos en los que casi había perdido la razón.

-Lo dudo Anika. Estoy completamente seguro que todavía tienes mucho que contar.

Jin la toma de la mano y se dirigen hacia su Ferrari convertible rojo. La noche estaba en todo su esplendor y la historia de Anika apenas había comenzado.

¡Muchas Gracias por leer My Inmortal!

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