MY INMORTAL LADO B #1 Anika & Akuma (By: Panda)

─ ¡Anika! ¡Ven inmediatamente!

El grito de Yuya se escucha por toda la casa, Anika baja corriendo para ver qué ha ocasionado la alteración de su hermano (No es que fuera muy difícil), cuando llega a la cocina ve a Yuya totalmente asqueado por lo que tiene enfrente: Akuma, su pitbull blanco, tiene en la boca una enorme rata en plena agonía. Entre risas, Anika se acerca a su  mascota y él la recibe con un movimiento de cola y un brinco.

─ Jajajaja… Demonios Yuya ¿Tanto alboroto por eso?

─ ¡Es una rata, Anika! ¡Una rata! Tu perro es… es…

─ Sólo te está dando un regalo para congraciarse contigo…  No veo cuál es el problema. Los perros tienden a hacer este tipo de regalos a sus dueños, hasta nuestro padre lo sabía y toleraba los “regalitos” que Akuma le dejaba en la entrada al lado de sus zapatos…

─ ¡No! Eso lo hacen los gatos no los perros…. Argh… Saca a esa cosa de la casa… Ya va siendo hora de que le enseñes algo de disciplina a ese perro… ¡Y no te olvides de bañarlo! ¡Huele asqueroso!

Tanto Anika y Akuma miran enfadados al chico que sale corriendo de la casa como si el perro portara algún tipo de arma biológica y su vida corriera peligro. Akuma deja la rata ya muerta a los pies de su ama y Anika acaricia la cabeza de su mascota con una gran sonrisa

─ ¡Muy bien Akuma! Nos has salvado de que una rata asquerosa entrara en la casa… ¡Eres el mejor guardián de todo el mundo!

Mientras va por una bolsa de basura para agarrar la rata, Anika mira a ese pitbull rechoncho de 35kgs y sus ojos azul y amarillo se encuentran con los de la chica. Si, en muchas ocasiones le han llamado loca, pero Anika siente que esos ojos bicolor dicen demasiado, esos ojos bicolor la entienden y ella también lo hace. Fue como si estuvieran destinados a encontrarse.

Cómo una vez le dijo su padre: “No existe mejor compañero para ti. Los dos son igual de extraños”

─ Bien, después de deshacernos de la rata… Creo que si te toca un baño, Akuma… Y no, no me mires así… No le hagas caso a Tegoshi, ese Ahouka…. Pero te toca baño contra las pulgas… vamos….

Ya en el patio, mientras moja a Akuma con la manguera y comienza a tallarlo, recorre con su mano las marcas tan características de su mascota, cada una con una historia detrás de ellas: Su oreja izquierda está mal cortada al igual que su diminuta cola, tiene una cicatriz que le recorre parte del cuello y  otra que atraviesa en diagonal su ojo derecho. Si, marcas que se han quedado ya sea por protegerla o cuidando a la familia.

─ Akuma…

El perro voltea y fija sus ojos en los de Anika, tan expresivos.

─ Nada…

Sigue tallándolo mientras recuerda el primer encuentro con su mascota, de eso ya 6 años…

Todo sucedió cuando Anika recién había entrado a la preparatoria. Durante una semana, mientras caminaba todas las mañanas rumbo a la escuela, sentía que algo o alguien la llamaba. No era precisamente con palabras, es difícil de explicarlo, las palabras carecían de sentido alguno, a veces sólo llegaban como murmullos, pero ella siempre entendía el mismo mensaje: “Encuéntrame”.

Ese mensaje se hacía cada vez más intenso. Al principio creyó que se trataba de un espíritu o algo por el estilo, pero con el tiempo una imagen en particular comenzó  a llegar con los mensajes: un fondo blanco, una figura masculina imponente de espaldas a Anika, cuando ella trata de alcanzarlo, el hombre volteaba y se encontraba con una mirada bicolor que le decían “Prometida de la noche… Encuéntrame”.

Unos días después, regresando de actividades extracurriculares de la preparatoria sintió una angustia muy fuerte, cómo si alguien muy unido a ella estuviera sufriendo. La sensación se hacía más fuerte conforme se acercaba a una zona de almacenes que tenía que cruzar para llegar a la estación de metro de la línea más directa a su casa.

En un callejón comenzó a escuchar golpes, gritos y lo que parecía ser un chillido. Anika se acercó rápidamente, su corazón palpitaba como si tuviera taquicardia, sabía que tenía que llegar cuanto antes pero ¿Por qué?… Lo que se encontró la dejó congelada: unas figuras negras humanoides atacaban a un cachorro, el cual ya sangraba de una de sus patas y orejas. Una de esas figuras logró atacar directamente en el cuello  del cachorro el cual soltó un aullido de lamento. Esto hizo que Anika sintiera una rabia como nunca había sentido, reunió  todas sus fuerzas a pesar de que ya comenzaba a sentirse mal físicamente por la energía tan cargada y negativa de esos seres.

─ ¡Déjenlo en paz!

Las figuras negras centran su atención en Anika, ella perdió el miedo y corrió hasta donde estaba el pequeño cachorro, quien poco a poco iba cerrando los ojos debido a la gran cantidad de sangre que había perdido. La chica lo metió en su mochila lo más rápido que pudo y encaró de nuevo a las figuras, que ya estaban a un par de metros de ella.

─ ¡Aléjense!

Comenzó a escuchar risas macabras y el mareo poco a poco va ganando terrero en el cuerpo de Anika. El perrito comenzaba a moverse dentro de la mochila pero ella comenzó a calmarlo sin apartar la mirada de esas horribles figuras.

La vista comenzó a nublársele y ya todo a su alrededor daba vueltas, al parecer las figuras negras se percataron de su estado y saltaron sobre ella, la tomaron de un brazo y trataron de arrebatarle la mochila. Al sentir esas manos que ardían como fuego, cerró los ojos y gritó tan fuerte como pudo, no fue un grito de miedo o de impotencia… No, fue un grito de rabia. Su cuerpo comenzó a sentir una gran fuerza, como electricidad surgiendo de ella hasta creyó ver chispas saliendo de ella. Las figuras negras parecían sorprendidas al igual que ella, pero ya no supo cual fue su reacción porque no pudo más con toda la adrenalina sobrenatural  y se desvaneció sin dejar de sujetar la mochila.

No supo cuánto tiempo pasó convulsionándose en el piso, pero al momento de recuperar la consciencia lo primero que vio fueron un par de ojos bicolor, tal como el de su visión. Si, ojos azul y amarillo y algo húmedo en su cara… El cachorro le estaba lamiendo el rostro, enfocándose principalmente en la sangre que salía de la nariz de Anika.  Ella sonrió y acarició débilmente al perro, mientras este todavía sangraba y las gotas se mezclaban con la suya.

─ Yo soy quien debería… debería curarte las heridas…

Como respuesta, el cachorro la miró fijamente y en la mente de Anika escuchó un “Me encontraste, princesa de la noche”… ¿Acaso el perrito le estaba hablando? ¿Se habría golpeado duramente la cabeza al desmayarse? Sin perder el tiempo, se incorporó lo más rápido que pudo para llevarlo con un veterinario. Ahí le curaron las heridas en las patas y sus orejas que al parecer fueron mordidas, la izquierda mucho más dispareja que la derecha. Cuando el veterinario le preguntó sobre el incidente con el cachorro, Anika le respondió que lo salvó de un ataque de perros callejeros, que no era suyo pero.

Después de convencer al veterinario que regresaría para ponerle todas las vacunas en orden, Anika salió con el cachorro en brazos. El veterinario le dijo que era un pitbull de 3 meses  y todo el camino fue pensando cómo iba a justificar que todo el dinero que sus padres le habían dado para el mes había desaparecido, pero sobre todo, le preocupaba el cómo iba a meter al perro en casa ya que su padre no era muy fanático de los animales. Tenía que planear el momento exacto para siquiera sugerir tener una mascota. Al llegar a su casa respiró aliviada al no ver la patrulla estacionada, volvió a meter al cachorro en su mochila, abrió la puerta y comenzó a subir las escaleras.

─ ¡Anika! ¿Por qué tardaste tanto?

Yukie, su madre, se asoma por la puerta de la cocina junto con Yuya, quienes no se extrañaron de verla en su propio mundo

                ─ ¿Eh?

                ─ No tienes remedio, Anika… Lávate las manos y quítate el uniforme, tu padre no tarda en llegar y pronto estará la cena, loquita…

                ─ Si… En un momento bajo…

Llegó rápidamente a su habitación y sacó a su nuevo compañero. Buscó un lugar donde hacerle una cama y estuviera oculto, decidió hacerle una cama de toallas debajo de la cama. Con sumo cuidado lo acostó y mientras lo acariciaba para dormirlo le dijo

─ Tendrás que quedarte tranquilo por un rato… No queremos que el Jefe nos descubra… No  te preocupes, yo me encargo de que te quedes en casa….

Como respuesta, el cachorro le lamió de nueva cuenta el rostro antes de quedarse dormido entre las toallas. Se quitó el uniforme, se puso ropa cómoda y bajó a la cocina para ayudar con la cena, aunque estaba un tanto distraída, por lo que se olvidó de lavarse el rostro y Yukie vio la sangre seca cerca de su nariz

─ ¡Anika! ¿Qué te pasó?…. ¿Tuviste otro colapso, cierto?

La mirada de su madre era una mezcla entre seriedad y preocupación, no podía mentirle así que le contó la verdad… A medias.

─ No fue tan grave… No te preocupes y por favor, no le digas a mi papá…

                ─ ¿Qué no debe contarme?

En la puerta de la cocina, imponente como siempre, con esa gabardina negra, la corbata a medio abrochar, el cigarro en su boca y la barba de varios días, su padre las observaba a cada una. Se le veía cansado cuando entró por completo a la cocina, pero al fijar sus ojos en los de Anika el cansancio se transformó en preocupación, no por la sangre seca en la nariz de su hija, sino por la energía que manaba de ella, claramente suya, si, pero había algo más pegado en ella… Un olor, pero no puede distinguirlo.

                ─Yukie…

                ─Lo sé…

                ─No fue tan grave, Otousan… Seguramente fue un golpe de calor… Créeme, ya me siento mucho mejor…

Pero Abe no lo creyó. No con esa energía a su alrededor y esa inquietud que de pronto se plantó dentro de él.  La mano de Yukie en su espalda, fue señal para que dejara el interrogatorio para otro momento. No era bueno presionarla después de uno de sus ataques.

─Bien… Cenemos…

La cena pasó como cualquier otra: Yuya hablando sobre el campeonato de futbol entre colegios y que lo habían nombrado capitán del equipo. Yukie comentó sobre algunas mejoras que se tenían que hacer en la  casa y jardín, Anika y Abe callados sólo observaban la plática animaba entre madre e hijo.

Las semanas pasaron y Anika ocultó muy bien a su mascota, que se recuperaba a una velocidad sorprendente, aunque las cicatrices quedarían por mucho tiempo. Lo entrenaba con ayuda de Toma y pronto el tímido cachorro fue ganando fuerza y confianza.

Pero un día, Anika y Yuya discutieron. Por cosas del destino, Anika no había ocultado bien a su mascota y su hermano se percató de su existencia cuando lo vio asomarse desde la habitación de su hermana.

Regresando de una tarde de cine con Toma, al entrar a la casa pudo sentir el ambiente tenso cuando su padre la llamó a su oficina en la planta baja de la casa. Cuando cerró tras de sí la puerta, vio a su padre mucho más cansado de lo normal, se podía sentir en el aire, algo no andaba bien en el trabajo.

─ ¿Por cuánto tiempo tenías planeado ocultarlo, Anika?

                ─ ¿De qué hablas, Otou?

                ─ No estoy para juegos…

Al levantarse, Anika vio que de su mano colgaba su mascota y se movía inquieto.

─ No lo lastimes…

                ─ ¿Por qué lo ocultaste de mí, Anika?

                ─ Lo siento… No sabía cómo decirte…

                ─ Sabes perfectamente que no quiero animales en la casa…

                ─ Por favor, Otousan… Él está entrenado y no molestará a nadie y…

                ─ ¡He dicho que no!

La voz gruesa de su padre retumbó por su estudio y tanto Anika como el perro comenzaron a temblar. Ella nunca lo había visto enojado de esa manera, de hecho, nunca se había enojado con ella en todos esos años.

─ No sabes lo que has traído a la casa…

                ─ Es sólo un perro, Otousan… Por favor… Por favor… No puedo dejarlo solo… Me necesita

                ─ ¡Un carajo te necesita!… No es seguro para nosotros que esté en la casa….

Con paso firme salió de la oficina, Yukie y Yuya estaban en la sala a la expectativa de la discusión. Cuando Anika salió, fijó su mirada en su hermano… él había sido quien le dijo a su padre, no podía ocultarlo. Por primera vez lo miró enojada ¿Por qué lo había hecho? El chico desvió la mirada.

─ ¿Por qué lo hiciste, Yuya?

                ─Tu hermano no tiene la culpa… Este perro se va y punto…

                ─No me has dado una razón válida para que se vaya

                ─Ya te lo dije, este perro representa un peligro para nosotros y no voy a exponerlos a…

                ─ ¿A qué?… Abe… Sólo le das vueltas a algo que no es tan grave… Yo lo quiero….

                ─ No voy a complacerte un capricho tonto sólo porque no puedes ver las consecuencias

Su padre abrió la puerta principal de la casa y salió con el perro todavía colgando de su mano. Anika lo siguió decidida.

─ ¡Nunca te he pedido nada, Abe! ¡Nunca!… Me he quedado callada cuando ustedes le cumplen un capricho a Yuya, así que no utilices esa excusa conmigo…

                ─ ¡Es un peligro para ti, Anika!

Yukie cerró la puerta y mandó a Yuya a su habitación, afortunadamente daba al patio trasero de la casa y no vería o escucharía cuando las cosas se salieran de control.

─ ¡¿Cómo puede ser un peligro?!

Cuando Abe estaba a punto de  responderle a su hija, un viento congelado rodeó la casa. Raro porque el verano había empezado. Por instinto, quitó el seguro de su pistolera y dejó al perro en el piso, adoptó una postura defensiva. Al voltear a ver a Anika, volvía a emanar una energía que no había visto en ella. El día del colapso, las ondas eléctricas eran de un color azul, las de ahora eran de un color rojo y los ojos caramelo parecía que poco a poco adoptaban la combinación del fuego.

Ella había atraído a esos espíritus con su energía. Frente a la casa comenzaron a congregarse figuras negras como las del día que salvó a su mascota, dos de ellas lograron traspasar el jardín y se acercaban peligrosamente a ella. Abe se colocó frente a ella y le ordenó meterse a la casa. Pero no les dio tiempo, una de las figuras apareció detrás de Anika y la tomó del cuello. Cuando Abe iba a atacar a esa sombra, otra energía lo sorprendió. No era de Anika, no era de las figuras negras, la energía provenía del perro.

Abe ya sabía que ese perro no era para nada  un simple animal, cuando lo encontró en la habitación de Anika, sintió un olor extraño. Cuando lo encontró debajo de la cama y vio esos ojos bicolor, vio emociones parecidas a las humanas, vio… demasiadas cosas.  Y ahora, ahí estaba ese cachorro, corriendo rápidamente hacía la sombra que tenía a Anika y con un salto casi imposible para él, lo mordió del cuello haciéndolo caer.

Anika perdió el conocimiento y su padre evitó que cayera en el piso. Sosteniéndola, observaba al pequeño perro blanco, mordía salvajemente a esa sombra, le desgarraba el cuello y cuando las demás figuras pisaron el jardín delantero de la casa, el cachorro comenzó a emanar una energía totalmente amenazante, y un gruñido que no correspondía a su tamaño, los ahuyentó con un solo rugido.

El viento se calmó, las figuras desaparecieron y el cachorro cayó agotado.

Cuando Anika volvió a abrir los ojos, estaba en su habitación, y el cachorro acostado a sus pies. Su padre estaba sentado a un lado de la cama fumando  mientras miraba pensativo al perro.

─ ¿Otousan?

                ─ ¿Estás bien?…

                ─ Sí… ¿Qué pasó? No recuerdo…

Abe suspiró y le acarició bruscamente la cabeza a su hija

─ No pienses en eso… Lo que importa es que estás bien…

                ─ ¿Sigues molesto… conmigo?

                ─ Sí, no me gusta que me oculten cosas y lo sabes…

Cuando Anika bajó la mirada, Abe tomó al perro en brazos y comenzó a acariciarlo

─ Hubiera preferido que me hablaras directamente de este… amiguito…

                ─ Entonces… ¿Puedo quedármelo?

                ─ … Podemos quedárnoslo…

                ─ ¡¿En verdad?!

Abe tomó al cachorro con ambas manos y lo puso a la altura de sus ojos. Extraños, ocultan tantas cosas, tal como los ojos de Anika. Dicen tanto pero a la vez nada.

─ Si… No existe mascota más perfecta para ti… Los dos son demasiado raros….

                ─ Muchas gracias… Otousan….

                ─ ¿Ya le tienes un nombre a esta cosa?

                ─ No… todavía no…

                ─ Akuma… Llámalo Akuma… Va muy bien con su personalidad.

Le entregó al cachorro y se levantó estirándose, haciendo crujir todos sus huesos. Antes de salir le dio estrictas instrucciones a seguir: El perro no debía acercarse a sus cosas, Akuma debía dormir afuera, comer afuera, hacer sus necesidades afuera, entre otra. Anika le prometió que así sería, pero con el paso de los años, lo único que cumplió Akuma fue el de hacer sus necesidades fuera de la casa.

Los años pasaron y Akuma fue haciéndose cada vez más grande. Yukie lo consentía con carne molida o algún corte, cosa que molestaba a Abe y cada vez que la sorprendía dándole un bisteck, le reclamaba con un “El perro come mejor que yo”. Pero aún así toleraba a Akuma, hasta se podía decir que desarrollaron una buena relación, puesto que Akuma mantenía alejado a cualquier espíritu, demonio o ser sobrenatural que se paseara por la casa. Abe confiaba plenamente que el perro mantendría a salvo a su familia cuando él estaba fuera de casa.

Cuando sus padres murieron, Akuma no dejaba de esperar al Jefe en la entrada del jardín de la casa, tal como lo hacía todas las noches, ese gesto llenaba de lágrimas a Anika porque sabía que, aunque él era su mascota, a quien verdaderamente respetaba y reconocía como su macho alfa era a Abe.

Akuma…

De regreso al presente, Anika termina de guardar la manguera y el shampoo antipulgas. La noche ya había caído. Los recuerdos comenzaron a rondar la casa que sentía tan vacía desde la muerte de sus padres. Aunque Yuya seguía siendo su hermano, aunque ambos vivían juntos, el único miembro de su familia que quedaba a su lado era Akuma.

3 comentarios sobre “MY INMORTAL LADO B #1 Anika & Akuma (By: Panda)

  1. uahhh akuma queridoT^T uahhh uahhh anego me hiciste querer un akuma que lo sepas jajajaja😄 ahora de veritas me encanto !!! sigue asi !!!!! ya quiero leer mas *O*

¡Muchas Gracias por leer My Inmortal!

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